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La vuelta al cole, un buen momento para detectar anomalías

Lagrimear, parpadear en exceso, adoptar posturas anormales durante el estudio, la lectura o mientras se ve la televisión, no concentrarse en clase o padecer dolores de cabeza por un esfuerzo visual... Son todas señales tras las que un niño puede ocultar un desorden ocular producido por errores refractivos en la visión.
Los niños deben hacer su primera revisión oftalmológica completa antes de los cuatro años, e incluso antes si han existido problemas en la infancia en algún miembro de la familia.  Sin embargo, la evolución no siempre es igual en todos los ojos, no sólo por las malformaciones oculares propias de cada afección, sino también por las características específicas de cada niño.

 

Revisiones

Un diagnóstico precoz es crucial y las revisiones periódicas la mejor manera de conseguirlo.  Una vez que la afección se ha detectado, el menor debe acudir anual o bianualmente al especialista. Esto hay que tenerlo en cuenta sobre todo para conseguir una mayor eficacia en el tratamiento; antes de los cinco o seis años, la recuperación es más favorable, mientras que, a partir de los diez, el tratamiento es menos efectivo.

 

Malformaciones

Las diferencias entre la hipermetropía, la miopía y el astigmatismo residen en las malformaciones de la constitución orgánica del ojo.

La Hipermetropía se produce porque el eje de los ojos es más corto y la córnea más plana. Existe un tipo de hipermetropía, la presbiopía, que se produce cuando el centro de la lente del ojo se endurece, pero es más común a partir de los 50 años.

Con la miopía ocurre lo contrario que con la hipermetropía: el miope tiene el eje del ojo más largo de lo normal y la córnea es más curva, por lo que las imágenes se enfocan delante de la retina, lo que produce visión borrosa de lejos.

En el astigmatismo la córnea no tiene todos los radios iguales, sino que hay alguno más curvo o más plano, por lo que existen problemas de visión tanto de cerca como de lejos.

 

Recomendaciones

Los niños deben evitar:

  • Ver la televisión a una distancia menor de dos o tres metros.
  • Leer a una distancia menor de 35 centímetros.
  • Leer o escribir en vehículos en movimiento.
  • Leer o escribir con la cabeza girada.

Si para ver de lejos el niño necesita girarse o hacer guiños, debe acudir al oftalmólogo. También cuando ve doble, cuando tiene uno o ambos ojos torcidos, cuando le molesta la luz, se queja de dolor de cabeza, sufre mareos o náuseas, tiene los párpados enrojecidos o hinchados y si frunce el ceño y entrecierra los ojos al leer.

 

La prevención es clave para detectar anomalías visuales en el menor y que su aprendizaje se desarrolle sin ningún problema.